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Vacas, cerdos, guerras y brujas.

Dividido en once capítulos más el epílogo este ensayo antropológico, escrito por Marvin Harris en 1974 y publicado un año después, trata de explicar de una manera accesible el origen de curiosos tabús. Y es que éstos no surgen de la nada, sino que tienen sus bases en situaciones puntuales de la vida de una población y, generalmente, la razón de su imposición tiene unas bases económicas bastante fuertes.

A través de los capítulos de "Vacas, cerdos, guerras y brujas", Harris guía al lector por el fascinante mundo de la antropología, partiendo desde el sencillo enigma de ¿dónde surge la adoración a las vacas de los hindúes y porqué son éstos capaces de morirse de hambre antes que sacrificar uno de esos animales? ¿y los cerdos? ¿de dónde la prohibición judía y musulmana de comer su carne?, ¿qué hay con los pueblos de Nueva Guinéa que los adoran y porqué son tan belicosos? ¿qué tiene que ver la guerra con el machismo? ¿y con el mesianismo y las brujas? Harris intenta darles respuesta en este estupendo libro.

Marvin Harris

Nacido en Nueva York en 1927, Marvin Harris fue un sociólogo y antropólogo cultural estadounidense, conocido por sus obras de divulgación de la antropología, por desarrollar el ‘materialismo cultural’ en este campo y por contribuir a crear una visión más moderna de esta ciencia. Estudió en la Universidad de Columbia (Nueva York), donde obtuvo la licenciatura y el doctorado en letras y fue profesor hasta 1980, cuando se trasladó a la Universidad de Florida.

Es en Brasil, Ecuador y otros países donde este conocido antropólogo empezó a desarrollar su enfoque materialista cultural, teoría que destaca los aspectos económicos y tecnológicos de las sociedades humanas; y que presenta características parecidad a las del antropólogo estadounidense Lewis Henry Morgan, cuya obra sobre la evolución llevó a Friedrich Engels a desarrollar la teoría del materialismo dialéctico.

Según el materialismo cultural, todas las sociedades están divididas en tres niveles primarios de organización: infraestructura (producción de bienes y servicios, así como reproducción y mantenimiento de la población); estructura (relaciones políticas y locales de cada sociedad) y superestructura (ideas, valores, creencias, arte y religión de las sociedades). El materialismo cultural defiende que los cambios o innovaciones que se dan en una cultura se originan en la infraestructura y se reflejan primero en la estructura y después en la superestructura. Harris perfeccionó los métodos de estudio antropológicos al diferenciar el carácter de la investigación en emic y etic: el método emic se refiere a las explicaciones que una comunidad considera válidas sobre sus actos y el método etic a las explicaciones científicas que un observador externo da a esos mismos actos.

Pero, a diferencia de otros materialistas, Harris no se interesó por la evolución de las culturas, sino por el desarrollo de los rasgos culturales específicos de cada sociedad. Entre sus obras, cabe destacar: Cultura, hombre y naturaleza (1971), Materialismo cultural (1979), Vacas, cerdos, guerras y brujas (1980), El desarrollo de la teoría antropológica (1982), Nuestra especie (1991) y Muerte, sexo y fecundidad (1991). Para finalizar, Marvin Harris murió el 25 de octubre de 2001 en Gainesville, Florida.

La vaca sagrada

Los Hindúes adoran a las vacas porque piensan que es un símbolo divino y representa todo lo que tiene vida, pero esto conlleva una situación de pobreza, miseria y hambre, ya que matar una vaca es un sacrilegio, estas son sagradas.

Por el contrario estos animales también aportan ventajas como por ejemplo: proporcionan estiércol que se utiliza como fertilizante, combustible para cocinar y recubrimiento de suelos, además de ser muy resistentes a la sequía, ya que disponen de gibas que almacenan la energía y una asombrosa capacidad de recuperación. No existe competencia con el hombre por el alimento, puesto que las vacas consumen mayoritariamente desperdicios, convirtiendo artículos de poco valor en productos de utilidad inmediata, como la leche.


El amor a las vacas ayuda a sobrevivir a los humanos en un ecosistema de bajo consumo de energía, no porque los animales sean más productivos, sino porque aprovechan todos sus productos.

El paso del cerdo por la historia

La porcofobia es el odio por los cerdos y la porcofilia es, por el contrario, el amor a éstos. Para los musulmanes y los judíos los cerdos son animales prohibidos, en este caso porque los consideran como animales abominables e impuros, por eso se alimentan de otras carnes como las de vaca, ternera…

En el Renacimiento se decía que se debía a que era un animal sucio, posteriormente, en el siglo XVIII, Moisés Maimónides creía que era una medida de salud pública. Sin embargo Harris, consideró que el Corán y la Biblia prohibieron su cría porque era una amenaza a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio. En otras civilizaciones como el Maring, matan a los cerdos para celebrar la victoria de una guerra o para recompensar a sus aliados por su lealtad o a sus enemigos para demostrarles su poder y su ánimo de prosperar.

Por el contrario, en América y en China estaba la porcofilia, es decir, la sociedad adoraba al cerdo e incluso lo consideraban como un miembro más de la familia. Esto no quiere decir que hiciesen lo mismo que los hindúes con las vacas, sino que el sacrificio formaba parte de la adoración que tenían por el animal, incluso comían su carne en momentos especiales.

Lucha por la sustentación

Las guerras en las sociedades primitivas se realizaban para vengar actos violentos.
La guerra primitiva se basa en una causa práctica. En este caso, los pueblos primitivos emprenden la lucha cuando carecen de alternativas mejores a problemas concretos, cuando la emprenden, esta población estaría llegando al llamado “límite de sustentación” del hábitat.

La mayoría de sociedades primitivas poseen mecanismos de regulación de la capacidad de sustentación, reduciendo la población, la producción y el consumo. La guerra es uno de estos mecanismos que ayudan a mantener el equilibrio ecológico de las poblaciones humanas. Pero lo importante no es este efecto de regulación sobre un grupo en concreto, sino sobre el total de la población de la región.

Los maring, como muchos grupos primitivos, practican la poliginia: muchos hombres tienen varias esposas, y las mujeres desarrollan la mayoría de tareas hortícolas. La guerra conserva el sistema maring a través de dos consecuencias más indirectas: el abandono temporal de los huertos permite mantener la capacidad de sustentación de la región, pues zonas cultivadas intensivamente quedan en paro mientras que se ponen en cultivo nuevas áreas.

Por otra parte, la guerra obliga a maximizar el número de varones. Es el precio pagado por las sociedades primitivas por criar hijos cuando no se pueden permitir crear hijas.

Finalizando, la guerra, a lo largo de la historia, ha sido una estrategia de adaptación vinculada a condiciones tecnológicas, demográficas y ecológicas específicas y no el resultado del carácter agresivo del ser humano como se ha venido postulando.


El valor del prestigio

El Potlatch es la aprobación de la sociedad, el impulso del prestigio, valor buscado por las antiguas civilizaciones, que competían entre ellas con tal de ser las más fuertes y prestigiosas, por tanto, el estatus es lo más importante.

En estas civilizaciones, los jefes o grandes hombres se donaban sus riquezas entre sí para que se comprobase quien tenía más prestigio y, por tanto, estatus; es decir, se producía un intercambio llamado redistribución, cuyo objetivo es reunir los esfuerzos productivos de la gente para luego redistribuirlos, ya que el anhelo de prestigio genera que haya más gente que trabaje y aumente la producción de la zona en la que vive. Según el autor el potlatch es, por tanto, un mecanismo para asegurar producción y distribución de riqueza en ciertas zonas.

La evolución social avanza entonces hacia una sociedad totalmente igualitaria en la que predomina el intercambio en forma de reciprocidad, es decir, ningún individuo especifica qué desea ni cuándo lo desea; la sustitución de ésta por la búsqueda del estátus hizo que las civilizaciones sobrevivieran y progresaran.

Los tabús religiosos

El cargo es la resolución de los conflictos provocados por la ley del mínimo esfuerzo, la competencia por los recursos naturales y humanos y el inicio del cielo en la tierra. Su obtención era de suma importancia, ya que era la recompensa al trabajo realizado, pero estaba condenado al fracaso por las fuerzas desiguales en la antigüedad; los antiguos luchaban contra los europeos, pero no disponían de buenas armas por lo que manipularon a los europeos a través de las creencias.

Empieza así una época de cristianismo en la que aparece una nueva palabra, Mesías, que define a aquellas personas que tuvieran santidad o poder sagrado, y que surgió entre los judíos palestinos, que creían en la llegada de un salvador, el Mesías. Con este hecho se iniciaron distintas profecías de guerras de liberación contra un sistema colonialista explotador, llevadas a cabo por Mesías militares que contaban con el apoyo de la sociedad, ya que lo que la sociedad creía era que el Mesías acabaría con la explotación económica y social.

El culto al Mesías pacífico del cristianismo apareció durante la guerra contra Roma, provocada por las desigualdades del colonialismo; aparece como un hecho inexplicable, aunque su aparición parece equivocada, ya que no era el momento adecuado.

La posible solución a este hecho es que Jesús no era tan pacífico como se suele creer y que, según Harris, los escritores de los Evangelios hicieron un Mesías pacífico, aunque esta figura no se perfeccionara hasta más tarde, como consecuencia de la infructuosa guerra contra Roma, cuando Pablo empezó a predicar entre los judíos exiliados. El reino cristiano de Dios no era de este mundo y la salvación se encontraba en la vida eterna tras la muerte.